Un repaso por la historia de nuestra institución, desde sus comienzos hasta la creación de Titanes de Ischigualasto.



Registros de vida

            Caminar por calle España hacia el norte, cruzar Maipú y encontrarse con ese edificio amarillo, sus techos altos, su mirada lúgubre. Miles de obras inmortalizadas, testigos de la historia, espectadores del caminar de los sanjuaninos; de los que fueron, de los que vendrán. Casi inmunes al paso del tiempo. Hace 50 años se creó por ley el Museo de Ciencias Naturales ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Cómo? Hay historias que vale la pena desempolvar. Por eso, nos vamos de expedición hasta 1964.

Los fósiles son el registro de la vida. Nos ayudan a definir todo esto que nos rodea y a constituirnos como humanidad. Claro que encontrarlos, colectarlos y prepararlos no es tarea fácil. La preparación en laboratorio puede destruirlo si no se cuenta con personas idóneas o el equipamiento necesario. Por esa razón, cada uno de los dinosaurios que se conocen en San Juan fueron descubiertos, estudiados y puestos en valor por el Museo de Ciencias Naturales.

Pero, ¿cómo comenzó todo?


Los inicios

Allá por los ´60, los fósiles no eran materia conocida. Tal es así que por aquella época circundaba un mito urbano que rezaba que los norteamericanos venían con helicópteros y se llevaban nuestras riquezas.

Todo empezó con las primeras expediciones científicas a Ischigualasto. Venían desde otras tierras, buscaban fósiles. Sin embargo, como San Juan no tenía repositorio, se los llevaban a la Universidad de Tucumán o al Museo de Buenos Aires, por ejemplo.

Ante esa inquietud, el 24 de julio de 1964 cobró vida la Ley 3098 para la creación del futuro Museo de Ciencias Naturales. Para entonces se trataba simplemente de una ilusión, una intención a futuro que tardaría muchos años en concretarse.

El compromiso establecido por ley implicaba:

·         la búsqueda de nuevos yacimientos y fósiles en los yacimientos ya conocidos;

·         la decisión de colectarlos o no luego de su valoración;

·          la preparación en Laboratorio de los especímenes colectados con personal especializado;

·         la curación de los fósiles colectados reunidos en un catálogo actualizado con la historia de cada pieza.

·         su estudio y publicación en revistas especializadas;

·         la puesta en valor para el público en general a través de exhibiciones;

·         asesoramientos al Gobierno Provincial incluso para la protección de áreas de valor patrimonial;

·         la difusión y concientización del valor patrimonial y científico de los fósiles;

 

Una institución necesaria: alianza con la Universidad

Una cosa era certera: para preparar los fósiles y catalogarlos, se necesitaba de una institución sólida con un curador que supiera del tema y un lugar adecuado, acorde a las necesidades de una colección. Así llegó un visionario: Emiliano Aparicio, Geólogo Profesor de la Universidad. Sería él quién iniciaría las primeras colecciones que se emplazarían en la planta alta del edificio de Turismo, primer hogar del Museo.

Los vínculos con la casa de altos estudios se remontan a los orígenes mismos del Museo. Sucede que la Ley 3098 ya establecía que, si bien la creación estaría a cargo de la Provincia, su administración y dependencia sería transferida a la entonces Universidad de Cuyo y posteriormente a la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ). En ese sentido, las autoridades naturales del Museo se materializarían en el Director del Museo, Decano de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y finalmente Rector y Concejos respectivos. Esto sería ratificado luego por la Ley 3511.


Desde Harvard, para San Juan

Llega así a nuestra historia, un nuevo personaje. Se trata de William Sill, un paleontólogo mormón estadounidense que había estudiado en la Universidad de Brigamian, Salt Lake City, Utah y se encontraba en nuestro país en el marco de una misión.

En los años 60, un colega lo vinculó con el Dr. Rommer y Brian Patterson - paleontólogos que descubrieron Ischigualasto en 1958 - con el fin de realizar un Doctorado en la Universidad de Harvard. Hacia allá partió William Sill para trabajar justamente con fósiles de Ischigualasto y completar así, el primer estudio profundo, la primera tesis doctoral que involucraba esta riqueza autóctona.

Al finalizar, William regresaría al país. Había contraído matrimonio con una albardonera. Y así San Juan, una provincia que no contaba con paleontólogos, de repente, tenía entre sus científicos a un Dr.de Harvard. Era de esperar que los rumbos sufrieran un vuelco interesante. William SIll sería quien realmente pondría en la agenda de los políticos y de la Universidad la apuesta al único Museo de Ciencias Naturales que tendría la Provincia.


Cambio de hogar

Fue en ese momento en que se produce un traslado de las colecciones a lo que sería el nuevo emplazamiento del Museo. No, no se trataba de un Edificio exclusivo. El nuevo destino se ubicaba en calle Libertador y Catamarca, la esquina pertenecía al gimnasio de una escuela. En San Juan, históricamente los Museos eran galpones, un "par de piecitas rejuntadas" como dicen por ahí. Pasaría mucho tiempo hasta que se adoptara un concepto moderno en lo que a esto refiere. Pero volvamos a esa esquina.

Todo lo que había hecho Aparicio más los primeros estudios de los fósiles hallados en la Provincia realizados en la cátedra de Paleontología de la UNSJ de William Sill, fueron trasladados a este nuevo lugar.

 

Agujeros de la historia

Vendrían, sin embargo, tiempos oscuros. El Golpe Militar que sufrió nuestra República Argentina no pasaría inadvertido en el ámbito de las ciencias. Tanto el cuñado de William Sill como muchos de sus estudiantes estaban involucrados con el Grupo Montoneros o la JP, él incluso simpatizaba con la ideología. Ante la gravedad de la situación, Sill utilizó sus contactos de la Iglesia mormona para salvar la vida a muchos de ellos que habían sido arrestados. Algunos fueron sacados del país usando información privilegiada que conseguía desde la Embajada Estadounidense. Solo dos de ellos se convirtieron finalmente en un número más de los desaparecidos con los que carga nuestra historia.

A raíz de todas estas acciones, los militares "invitaron" al Dr. Sill a que se fuera. Lo llamaron desde la Embajada de Estados Unidos para informarle que corría riesgo y debía irse. De la noche a la mañana, uno de los pilares más importantes que tuvo el Museo, abandonó la Argentina para volver a su país y radicarse en la Universidad de Texas, Austin.

 

Nuevos hallazgos

Es en este punto en el que la Universidad contrata a Alfredo Moneta, un joven recién recibido de La Plata, que se hace cargo de la cátedra de Paleontología en la provincia y posteriormente, por extensión, del Museo de Ciencias Naturales en 1977; lugar que ocuparía hasta el año 2000.

Se crean divisiones internas en el Museo: el área de Paleontología por un lado y el de Biología por otro al contratarse a los primeros especialistas en esta rama.

En el año 88 se realizan las primeras campañas científicas del Museo en colaboración con Universidades extranjeras y así comienza a generarse el corazón de las colecciones de Ischigualasto. A partir de ese año se colectan los especímenes más importantes. Se descubre, por ejemplo, el primer esqueleto completo de Herrerasaurus -el único dinosaurio que se conocía en Ischigualasto- y el Eoraptor, que cambió la visión del origen de los dinosaurios y dio repercusión internacional al Parque.

 

Ciencia y arte

Algunos personajes no pueden pasar inadvertidos. Llegamos así a Roberto Cei, hijo de un biólogo prominente, que en su juventud participó como voluntario de las expediciones de Rommer y haría luego su Doctorado en nuestras tierras dirigido nada más y nada menos que por el propio William Sill.

Cei construyó toda la fauna de Ischigualasto en cemento. Es quien hace las primeras reconstrucciones, quien genera las primeras figuras. Ese dinosaurio en la puerta de Turismo tan conocido por todos los sanjuaninos, por ejemplo, es obra suya. Cei es la persona que dio vida a esos animales que vivieron en Ischigualasto. 

Sin embargo, Roberto Cei fallece muy joven y el Museo sufre así un periodo de estancamiento.

 

Nueva escuela

Mientras tanto, quienes hoy dirigen el Museo, se formaban a partir de la nueva escuela que venía de la Universidad de Chicago, con el Dr. Paul Sereno y suponía un recambio de esquemas en lo metodológico a la hora de buscar fósiles, colectarlos, prepararlos.

Allí comienza la historia reciente del Museo. Durante los ´90 se hicieron las campañas más importantes de Ischigualasto. En toda una década, se acumuló más de un año de trabajo neto allí, con más de 20 personas en el campo y docenas de papers científicos publicados en las revistas de más prestigio que han puesto al Parque Provincial Ischigualasto a un nivel de excelencia en el mundo.

 

Huellas del presente

Una vez más, pero ahora la última, se traslada el Museo desde la escuela en la que se encontraba alojado hasta el edificio que pertenecía a la antigua Estación del Ferrocarril Belgrano, un edificio que como "Patrimonio Histórico", exige un esfuerzo doble en lo que a acondicionamiento refiere.  

El Dr. Oscar Alcober asume como Director de la Institución en el año 2001. Comienza una etapa en la que se apuesta por consolidar la base científica: se incorporaron tesistas de Conicet que hoy son investigadores y traen nuevos tesistas; se organizó el Congreso Internacional Paleontológico que recibió gente de todo el mundo; se comenzó a generar el área geológica como una apoyatura a los trabajos paleontológicos. Por su parte, en conjunto con el Gobierno de la Provincia, se logró materializar la muestra "Titanes de Ischigualasto" que recorre ahora el mundo.

Hoy, el desafío es aún más fuerte: se está trabajando en una mega exhibición que permita compartir las investigaciones desarrolladas a lo largo de este tiempo. Pronto la comunidad sanjuanina y el mundo podrán ser testigos de un Museo temático sobre Dinosaurios.

Los cimientos están anclados, solo queda seguir apostando por el futuro de un Museo que es, en esencia, de todos.

 

Por Melisa Trad